Emborráchense, de Charles Baudelaire

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¿Qué ganamos atados a la normalidad? ¿Qué ganamos amarrados a la monotonía? ¿Qué ganamos sujetos a la falsa sensatez que nos paraliza, que nos mata –sin darnos cuenta- las veinticuatro horas de cada día? ¿Qué ganamos sumándonos a la sumisión que nos aleja de los demás y de nosotros mismos? Hace falta romper el hielo, inventar una locura que nos libere, que nos lleve a otra realidad, quizás a ese jardín, a ese inicio donde la razón no era importante y el mundo era solo un espacio para la sensibilidad, hace falta “perder el juicio” para ganar, hace falta emborracharnos a lo Charles Baudelaire:

Hay que vivir siempre borracho. Esa es la única cuestión. Para no sentir la horrible carga del Tiempo que les rompe la espalda y los inclina hacia el suelo, tienen que emborracharse sin parar.
Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, de lo que quieran. Pero emborráchense.
Y si un día, en las escaleras de una plaza, en la hierba de un parque, en la mesa de un café o en la tristeza de su cuarto, se despiertan y sienten que la embriaguez ya pasó o casi desapareció, pregunten al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que corre, a todo lo que gime, a todo lo que gira, a todo lo que canta, a todo lo que habla, pregúntenles qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj les contestarán: ¡Es hora de emborracharse!


Para no ser los esclavos martirizados por el Tiempo, emborráchense siempre, emborráchense sin parar. De vino, de poesía o de virtud, como más les guste.

Emborráchense, de Charles Baudelaire: una apología del apasionamiento, un no a la apatía, a la tibieza.

 Un coctel de alcohol, de creación, de bondad cuánta falta hace en este breve tránsito por el siglo veintiuno. ¿Quién levanta la copa?

Ramón Peralta: profesor universitario y escritor.

Faustino Medina

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