En un mundo de hiperconectividad y plataformas digitales, los productos culturales como las películas, las series y los libros se hacen cada vez más desechables; no siempre porque les falte calidad o sean irrelevantes en sus temas, sino por la manera en que se suelen consumir y por los hábitos que genera un contexto dominado por la saturación, la inmediatez y lo viral.
Es en ese escenario en el que resulta necesario resaltar la importancia de volver a ver las películas que nos gustan o que nos marcaron, y de releer los libros que han sido parte de nuestra formación o maduración: materiales importantes en la forma en que entendemos el mundo.
En el ámbito del cine podemos hablar de hacer un re-visionado: mirar una película de nuevo ayuda a apreciar y a recordar que estas obras no están condenadas a ser olvidadas ni a servir únicamente a una agenda de momento.
Al releer un libro, volvemos a recorrer un camino más extenso y elaborado. Tanto el re-visionado como la relectura ofrecen una oportunidad para apreciar el producto cultural con mayor claridad y descubrir algún detalle, perspectiva o ángulo distinto del trayecto. Este recorrido también hace que se encuentren el pasado y el presente del espectador y del lector, un encuentro que señala cuánto han cambiado tanto el sujeto como el contexto.
"Re-visionar" y releer ayudan a humanizar tanto los productos culturales como la experiencia de quien los consume. Al mismo tiempo, sirven de filtro para desacelerar el constante bombardeo de novedades. Son una defensa frente a la dispersión, la distracción, la inflación de contenido, la viralidad y la redundancia que multiplica la mediocridad. Dicho de otro modo, es un ejercicio de criterio y de valorización de la fruición que se obtiene de las obras cinematográficas y literarias.