Feminidad, carne y desaparición en Han Kang

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Para poder entender la relación entre la musa (siempre femenina), el poeta y su ulterior vínculo con la representación de la feminidad en Kang, no podemos pasar por alto las cualidades de lo inesencial presentes en su obra ni su modo de expresarlas. Resulta inevitable remontarse a quien trabajó estas cualidades en la literatura y las examinó en sus ensayos: Simone de Beauvoir. En Le Deuxième sexe, tomo I, Beauvoir afirma: “L’humanité est mâle, et l’homme définit la femme non en soi mais relativement à lui ; elle n’est pas considérée comme un être autonome.” [La humanidad es masculina, y el hombre define a la mujer no en sí misma sino en relación con él; ella no es considerada un ser autónomo] (p. 19). La feminidad (lo inesencial) aparece entonces determinada en función de los hombres.

En La vegetariana este principio no se formula: se narra. Kang escoge una protagonista femenina que nunca es plenamente autónoma. Yeong-hye existe siempre desde la mirada ajena y, durante dos tercios de la obra, desde la mirada masculina. La decisión de narrar desde esas perspectivas no parece fortuita: intensifica la falta de voz propia del personaje. Sólo sabemos de Yeong-hye lo que otros dicen de ella. En el primer relato aparece como una esposa sumisa, incapaz de adoptar una postura distinta de la dictada por las costumbres, espacio donde el ego de un hombre ordinario puede desplegarse soberanamente. En el segundo relato, en cambio, emerge como musa capaz de suscitar los placeres más desenfrenados y provocar un éxtasis cuya descripción revela las limitaciones del lenguaje.

La feminidad, tanto en la literatura como en el imaginario colectivo, ha sido vinculada a la naturaleza. El título mismo ‘La vegetariana’ nos introduce en lo vegetal. Lo vegetal no reacciona, no habla, no decide: permanece. Pero también es la flor que inspira, los pétalos que incitan la creación masculina. Ambas dimensiones conviven en Yeong-hye: en ninguno de los relatos ejerce dominio sobre su vida, no logra autodeterminarse, permanece definida por los otros. Su existencia es vegetativa.

Lo vegetal se asocia a lo carnal de manera casi imperceptible si recordamos que, en cuanto mujer, y por ende femenina, siempre será considerada presa del deseo. Beauvoir escribe que la mujer es “matière, passivité, immanence, elle est chair.” [materia, pasividad, inmanencia, ella es carne] (p. 188). Ser carne implica ser consumible. De ahí que el rechazo de la protagonista a la carne no sea una preferencia dietética, sino el síntoma de una alienación más profunda cuya vía de escape adopta la forma del vegetarianismo. Kang yuxtapone así el sentirse objeto consumible con la situación vegetativa que experimenta Yeong-hye. El elemento carne aparece ligado al núcleo familiar, inseparable de costumbres y expectativas, como revela el señor Cheong: “Toda a família —especialmente meu sogro— era apreciadora de carne” (A vegetariana, p. 15) [Toda la familia —especialmente mi suegro— amaba la carne]. Por ello, el rechazo constituye un primer acto de rebeldía: un grito dirigido contra lo que los demás han hecho de ella, y precisamente por ser una decisión autónoma provoca reacciones agresivas, pues anuncia el primer vestigio de individualidad.

En el plano psicológico surge el rechazo al propio cuerpo. La apatía sexual hacia su esposo simboliza la enajenación inconsciente del personaje:

“É que…”

“O que foi?”

“Você tem cheiro.”

“Cheiro de quê?”

“Carne. Seu corpo cheira a carne.” (p. 14)

[Es solo que…

«¿Qué pasa?»

«Tienes un hedor».

«¿A qué?»

«A carne. Tu cuerpo hiede a carne»]

El desequilibrio existencial la conduce luego a negar su propia condición corporal al abandonar definitivamente las necesidades físicas en el tercer relato. Aunque en el primero ya se advertía la apatía, algunos podrían pensar que en el segundo desaparece. Sin embargo, el rechazo al cuerpo, que culmina en laceración, permanece también en la mancha mongólica. El episodio, pese a su sensualidad, está narrado desde la perspectiva del cuñado: Yeong-hye no expresa intención sexual alguna. El deseo nace siempre del otro. Sólo acepta permanecer cubierta de flores, como si exteriorizara su estado interior. Lo confirma el esposo de In-hye: “Um corpo totalmente livre de desejo e, ao mesmo tempo, belo e jovem. Dessa contradição exalava uma fonte de mistério e fugacidade.” [Un cuerpo completamente libre de deseo y, a la vez, bello y juvenil. De esta contradicción emanaba una fuente de misterio y fugacidad] (p. 56). Cuando intenta acercarse, ella rechaza el contacto para no estropear las flores; sólo accede cuando el acto deja de percibirse como carnal.

Las escenas revelan procesos del subconsciente. Yeong-hye permanece atrapada en una feminidad definida desde afuera: deseada, juzgada, violentada, pero sin voluntad propia. El vegetarianismo materializa esa alienación y funciona como huida de los confines impuestos. Más tarde la huida se prolonga en el declive mental y la imposibilidad de adaptación.

El único acceso directo a su interior se produce en los sueños, donde comienza la alienación:

“Tudo parece desconhecido para mim, como se olhasse para as coisas de longe. Como se estivesse presa atrás de uma porta sem maçaneta” [Todo me resulta desconocido, como si lo viera desde lejos. Como si estuviera atrapada tras una puerta sin manilla] (p. 22). 

También allí no logra reconocerse:

“Era um bosque escuro… Acho que me perdi sozinha” [Era un bosque oscuro… creo que me perdí sola] (p. 11)

“Parecia o de alguém que conheci pela primeira vez, mas com certeza era meu rosto.” [Parecía alguien a quien conocía por primera vez, pero definitivamente era mi cara] (p. 12)

Los sueños posteriores profundizan la crisis de identidad:

“Alguém matou uma pessoa e outro alguém escondeu o corpo, sem deixar rastros. No momento em que acordei, porém, me esqueci do sonho. Fui eu que cometi o crime? Ou fui eu a vítima?”

[Alguien mató a alguien, y alguien más escondió el cuerpo sin dejar rastro. Sin embargo, al despertar, olvidé el sueño. ¿Fui yo quien cometió el crimen? ¿O fui la víctima?] (p. 21)

Han Kang representa esta enajenación, entendida como huida, mediante múltiples símbolos y recursos que exceden estas páginas. La novela aborda también la violencia, el consentimiento sexual, la insatisfacción y la figura paterna, aspectos que aquí permanecen apenas sugeridos.

En definitiva, La vegetariana escenifica la imposibilidad de la protagonista de afirmarse como sujeto en un mundo que la define desde la mirada masculina y familiar. El rechazo a la carne, el tránsito hacia lo vegetal y las visiones oníricas no constituyen excentricidades, sino gestos de resistencia frente a la condena de ser cuerpo disponible o musa inspiradora. La huida de Yeong-hye revela simultáneamente la violencia del orden social que la niega y la fragilidad de la identidad cuando se impone desde afuera. Han Kang no sólo narra la alienación de una mujer: invita a reconsiderar las estructuras que la perpetúan y la necesidad de repensar la feminidad más allá de sus límites heredados.

Referencias

  • Beauvoir, S. de. (1949). Le deuxième sexe. Tome I : Les faits et les mythes. Gallimard. PDF consulté à l’adresse : https://ia802803.us.archive.org/11/items/SimoneDeBeauvoirLeDeuximeSexe10/Simon e%20de%20Beauvoir%20-%20Le%20deuxi%C3%A8me%20sexe%201%280%29.pdf
  •  Kang, H. (2018). A vegetariana (J. R. Ahn, Trad.). São Paulo: Todavia. (Obra original publicada em 2007)

Aury Mejía

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