La ficción literaria como fuente de conocimiento histórico III: Riesgos, limitaciones y propuesta metodológica

80


Es importante que exista un diálogo amistoso entre historia y literatura, la emoción por explorar narrativas de diversa naturaleza del pasado debe ir a fin con el rigor metodológico. La literatura, si bien es una fuente rica en descripciones, también es cierto que muestra evidentes desafíos: no fue confeccionada con fines documentales y su estructura simbólica, estética o ideológica puede distraer al investigador de su sentido inicial. Esta tercera parte del ensayo  se propone explorar los riesgos de utilizar las fuentes literarias sin criterios historiográficos claros, por otro lado también haremos  una propuesta metodológica para su uso crítico y fructífero como fuente histórica.

Riesgos de interpretar la literatura sin criterios históricos
Aunque hemos planteado anteriormente que la ficción literaria tiene un importante acervo que ofrecer a la investigación histórica, también es importante advertir que hay riesgos que se tienen que analizar. El primer riesgo es confundir la verosimilitud con la verdad fáctica. Una obra literaria puede presentar escenarios, personajes y diálogos que parecen fieles a la realidad que se quiso recrear, pero han tenido que cumplir con moldeamientos por exigencias narrativas o estéticas. Como ejemplo volveremos al testimonio de Primo Levi en Si esto es un hombre, se aleja deliberadamente del dramatismo retórico; sin embargo, su fuerza proviene de esa sobriedad ética que hace de su relato no solo un documento testimonial, sino una obra con carga literaria estéticamente construida.

A lo anterior le agregamos el peligro de la idealización. Las novelas históricas, especialmente las ambientadas en contextos políticos, tienden a perfilar personajes casi arquetípicos, con antagonismos claros que responden más a una pedagogía moral que a una descripción de la realidad social. Este es el caso de ciertas novelas sociales latinoamericanas del siglo XX, donde el “campesino puro” se enfrenta al “terrateniente corrupto” en esquemas que pueden ocultar más de lo que revelan.

Está la distorsión anacrónica: el presentismo, esto ocurre al describir el pasado usando valores o sensibilidades del presente sin la mediación crítica necesaria. Una novela escrita hoy sobre la esclavitud puede contener reflexiones legítimas sobre la dignidad y los derechos humanos, pero no necesariamente representa cómo los personajes históricos vivieron esa realidad.

El rol del contexto, la intencionalidad del autor y la recepción
Para usar la ficción literaria como fuente, es importante contextualizar: conocer la época en del relato, la censura existente, el público para el que fue concebido, y los debates culturales del momento. La intención del autor también es importante puesto que su naturaleza puede variar entre: testimoniar, denunciar, exorcizar un trauma, entretener o idealizar. Esto último lleva toda la carga del sesgo del autor y el fin de su narrativa posiblemente no sea el mismo fin para el que se propuso hacer tu investigación. 

La recepción de la obra permite evaluar su impacto social e histórico. Podemos usar de ejemplo El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez, esta obra retrata la soledad del veterano ignorado por el Estado,  y funcionó como un espejo de miles de lectores latinoamericanos que reconocieron en ese coronel su propia espera. La literatura aquí no solo representa un momento, sino que lo amplifica en la conciencia colectiva.

Propuesta metodológica para trabajar la literatura como fuente histórica
Para que el trabajo historiográfico con literatura sea riguroso, proponemos una metodología basada en tres niveles de análisis: 

  1. Nivel textual-literario: análisis de la estructura y  narración, los recursos retóricos, el uso del lenguaje, el punto de vista narrativo. ¿Qué intereses se evidencian privilegiados? ¿Qué omite? ¿Qué emociones se evocan? ¿Cómo se conecta la historia del autor con todo lo anterior? Esto también puede ser usado con cualquier tipo de documentos.
  2. Nivel contextual: es categórico que se identifique el momento de producción, el trasfondo político y social, las referencias explícitas o implícitas a eventos históricos. Puede que la obra reaccione ante una coyuntura o que reproduzca o desafía discursos dominantes
  3. Nivel crítico y receptivo: análisis de cómo fue leída y discutida la obra, tanto en su tiempo como posteriormente. ¿Qué impacto tuvo en la memoria colectiva? 

Estos niveles deben ir acompañadas  preguntas clave que guían este proceso:

  • ¿Qué cosmogonía o visión del mundo tiene esta obra?
  • ¿Qué voces aparecen y cuáles  se evidencian ausentes?
  • ¿Cómo se articula la relación entre individuo y poder?
  • ¿Qué aspectos de la vida cotidiana nos permite conocer?
  • ¿Puede corroborar su relato con otras fuentes (archivos, testimonios, prensa)?
  • ¿No menos importante, la escuela de pensamiento del autor, responde a sesgo de izquierda, nacionalista, de derecha o de centro?

Conclusión
Hemos dejado claro que  la literatura no debe ser considerada como una crónica fidedigna ni desechada como invención pura. Su valor como fuente histórica reside en su capacidad para capturar sensibilidades, estructuras, tiempos símbolos, lenguaje espesor de la época, funcionar como voz a lo silenciado y representar procesos sociales desde ángulos íntimos e intransferibles. Con una metodología crítica, que articule texto, contexto y recepción, los historiadores pueden integrar la literatura a su labor sin sacrificar la precisión analítica.

Franklin Omar Vargas

Lic. en Ciencias Sociales (UASD). Especialidad en Historia Americana (UNAM) y Master of Arts (M.A.) en Historia Dominicana (UASD). Encargado de la Cátedra de Humanidades en el Colegio Ad Maiora. Ensayista, con incursiones en los campos de la filosofía, la literatura y la antropología.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *