Cómo desarmar una silla

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Que su boca tome 
la forma de un erizo 
y sople sobre el asiento: 
no sea que el ruido 
de los pájaros 
  aún lo ocupe. 

Retire el olor de los signos 
que dejan las mariposas 
           al mover sus alas. 
 
Compruebe que la madera 
no siga habitada por peces. 
Separe con cuidado la tibieza 
de cuerpos antiguos. 
Limpie la humedad 
sin permitir que el sonido escape.

Afloje los brazos como intentando 
descomponer la forma de la espera. 
No olvide que los recuerdos 
suelen extenderse 
e invadir orillas 
si no se les mira con rectitud. 
Hágalo antes de que la luz 
se marchite en la boca 
 abierta de una flor.   

Y cuando haya concluido,
trace grietas en los muros,
aguarde: la silla, sola,
volverá a armarse en silencio.

Faustino medina

Faustino Medina

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