El nacimiento del búho en la poética de Faustino Medina

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Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje
que da su nota blanca al azul de la fuente;
él pasea su gracia no más, pero no siente
el alma de las cosas ni la voz del paisaje.

Huye de toda forma y de todo lenguaje
que no vayan acordes con el ritmo latente
de la vida profunda… y adora intensamente
la vida, y que la vida comprenda tu homenaje.

Mira al sapiente búho cómo tiende las alas
desde el Olimpo, deja el regazo de Palas
y posa en aquel árbol el vuelo taciturno…

Él no tiene la gracia del cisne, mas su inquieta
pupila, que se clava en la sombra, interpreta
el misterioso libro del silencio nocturno.

En 1911 el poeta mexicano Enrique González Martínez publicaba su libro Los senderos ocultos, un poemario en el que aparecería por primera vez el icónico y disruptivo soneto Tuércele el cuello al cisne. Nuestros intelectuales, los hermanos Pedro y Max Henríquez Ureña, consideraron la aparición de este poema como un punto de ruptura en movimiento modernista. Pedro Henríquez Ureña, especialmente, llegó a considerarlo “como un intencionado manifiesto literario o como una síntesis de una doctrina estética”, afirmación que el propio autor desmentiría años más tarde (en 1951) al declarar que el poema en cuestión era simplemente una crítica al esteticismo lírico de los seguidores de Rubén Darío que, si bien lo imitaban en la forma, producían constantemente una poesía carente de alma. La reacción de González Martínez, así, era en contra del preciosismo en el lenguaje en una poética vacía de sentido filosófico.

Pero el dominicano no se equivocaba al interpretarlo como lo hizo, pues Tuércele el cuello al cisne es un texto permeado por lo exhortativo: el primer verso de cada una de las tres primeras estrofas comienza con un verbo en modo imperativo: “Tuércele el cuello al cisne…”; “Huye de toda forma…”; “Mira al sapiente búho…”. Estos versos que, naturalmente, pueden leerse como consignas literarias, influyeron en el modo de escribir poesía en la época. Aunque, claro está, no podemos darle a González Martínez todo el crédito por ello, ya que otros escritores también tuvieron un discurso reaccionario, disidente, rupturista o simplemente diferente a los patrones observados en el modernismo: Leopoldo Lugones, José Juan Tablada, la maravillosa Delmira Agustini y otros, entre los cuales cabría mencionar a las posmodernistas Juana de Ibarbourou y Alfonsina Storni, así como los vanguardistas Vicente Huidobro, César Vallejo, Oliverio Girondo.

No obstante, de entre toda esta gente que escribió con una preocupación especial por el fondo en la poesía, aludo especialmente a Enrique González Martínez, porque hay algo en la obra poética de Faustino Medina que me encamina necesariamente a Tuércele el cuello al cisne, pero para llegar a esta asociación es relevante que primero abordemos la obra general del autor.

Faustino Medina publica su primer poemario en 2008. Este, titulado Gotas de amor, nos muestra a un escritor muy joven, ingenuo e inmaduro; un versificador incipiente con una necesidad imperiosa de expresar sus sentimientos amorosos aun cuando se halla desprovisto de herramientas estilísticas. Un digno destinatario de Cartas a un joven poeta al que Rainer María Rilke sin lugar a duda habría dicho “pregúntese en la hora más silenciosa de su noche: ¿tengo la necesidad de escribir? (…) si la respuesta fuese afirmativa (…) construya entonces toda su vida en torno a dicha necesidad” y a esto el alemán añadiría “acérquese a la naturaleza e intente contar como si fuera el primero de los hombres cuanto ve y experimenta y ama y pierde, y no escriba poemas de amor”.

De las palabras de Rilke hay una idea sobre la que debemos detenernos un poco: “Intente contar como si fuera el primero de los hombres…”. Esta cita nos conduce a una de las nociones más arraigadas que todos tenemos sobre la poesía: que más importante que lo que decimos es la forma en la que lo decimos. Que la razón de ser de las figuras de dicción y de pensamiento es dotar al escritor de una serie de herramientas que le permitan decir una cosa (que puede ser soberanamente simple) de forma sonora, rítmica y bella. Faustino entendió eso en su segundo libro: Amor, tiempo y muerte (2013). Un poemario en el que, si bien no dejó de escribir poemas de amor, es evidente una evolución significativa reflejada en la forma. Es aquí donde encontramos un atisbo muy preciso de quien sería el autor que me ha hecho redactar estas líneas. Por poner algunos ejemplos, en el poema Aullidos inútiles el poeta declara“El sol vomita destellos de tu canto”, una imagen poderosa para referirse a la nostalgia provocada por el recuerdo de un amor. En Maldito minuto, escribe “El tiempo se pudre. / Clava espinas sobre mi lomo. / Carcome mis huesos. / Asfixia las ansias. / Los milagros murieron de realidad. /Este minuto se traga las mentiras. / Está preñado de polvo. /De pena. /De muerte. / De olvido”. En este poema, que expresa la angustia existencial ante el paso implacable del tiempo, encontramos a un escritor con una sensibilidad más aguda y con un mayor nivel de consciencia sobre lo que dice y la manera en que lo dice.

En 2020 publica No jodas tanto. Un libro en cuyo prólogo Miguel Ibarra de cierto modo lo suscribe al realismo sucio por la manera tan cotidiana, coloquial y sarcástica en la que el autor presenta el tema que permea todo el poemario: la libertad; y también por el diálogo implícito con Bukowski, un escritor representativo de dicha corriente. No difiero con Ibarra, pero yo añadiría que en este tercer libro hay una suerte de antipoesía muy al estilo de Nicanor Parra. Se trata de un texto que indirectamente cuestiona la solemnidad y el idealismo del poema tradicional y propone una voz humana, irónica, contradictoria y también humorística. Faustino, en vez de exaltar lo bello o lo sublime, expone lo absurdo, lo vulgar y lo cotidiano a través de una búsqueda experimental de la estética de lo feo.  En Ningüelete de medianoche escribe esa ya mítica estrofa para los talleristas de Cemí Literario: “Estos versos / no son para/ los comemierda / que leen a Coelho”; en Si yo fuera un puto poeta puto declara: “Si fuera poeta / dejaría de cazar figuras / y escupiría / la porquería / de este mundo”. Sin embargo, a pesar del tono antipático y hasta soez de este libro, no deja de percibirse en él la voz nostálgica y sensible del autor de Amor, tiempo y muerte en poemas como Sacando la basura o La maravillosa emancipación de una palabra. Asimismo, en No jodas tanto aparece por primera vez uno de esos títulos tan singulares de Faustino y que Diana Ortega y Amaury Ureña han denominado como “faustinianos”, se trata del poema Acciones elementales para una trascendencia falsa.

Entonces, sintetizando lo hasta ahora dicho, Faustino comienza a publicar en 2008 siendo lo que podríamos llamar un practicante intuitivo de la poesía y sin un dominio formal de recursos expresivos. En 2013 vemos una evolución significativa en la forma que, a su vez, incide en la recepción del fondo y, en 2020 podemos a afirmar que la poesía de Medina llega su adolescencia. Se hace rebelde, incomoda, sorprende; la voz anterior se hace casi imperceptible y se esconde para mostrarse en su forma renovada este 2025 en el poemario Desintegración. Un trabajo ya maduro, con una voz y un estilo propios, con un dominio excepcional de los recursos de los que se vale, con un vocabulario exquisito y con una gran carga filosófica existencial.

Y son estos elementos los que me hacen recordar el soneto de González Martínez. Ya he dicho que representaba un rechazo a la superficialidad del modernismo presente en los seguidores de los grandes poetas de la época que sin un ápice de autenticidad ostentaban un preciosismo vacío. En Faustino esa ruptura no se da desde la imitación del cisne, sino desde su ausencia, porque la obra de Medina obra nunca ha sido un canto a la forma, sino una búsqueda de legitimidad. En este sentido, en este autor la muerte del cisne y el nacimiento del búho serían el paso de la expresión sentimental y experimental de Gotas de amor (2008) hacia una voz lúcida y sustancial en Desintegración (2025).

En este último libro vemos una superación del yo lírico meramente ornamental. Ya no se trata de un “amante dolido” o de un “rebelde urbano”, sino de una conciencia que se interroga sobre el ser, el tiempo, la memoria y la muerte. En la parte final del soneto de González Martínez el búho interpreta el misterioso libro del silencio nocturno, una idea que nos lleva a reflexionar sobre cómo la comprensión de nosotros mismos y del mundo que nos rodea no procede de la palabra rimbombante sino de la escucha interior. Y este poemario de Medina es una invitación constante a callarnos para escuchar lo que se nos dice desde dentro.

Desintegración está formado por cinco partes: Génesis, Destellos de una existencia, Manifestación inacabada de un ser, Ocaso de la materia que se disuelve y Ruinas de una entidad que se hace pequeña. A lo largo de cada de ellas se narra implícitamente la involución de una persona que reflexiona sobre su propia existencia. Una reflexión que inicia en el momento exacto en que un ente toma conciencia de lo absurdo, un punto de inflexión en el que las almas que llegan a él se sienten desoladas. Lo absurdo supone un padecimiento y un repensar constante del sentido de las cosas, porque como bien lo dijo Camus, “pensar es aprender de nuevo a ver”.

El yo poético en Desintegración es un hombre absurdo, es decir “uno que no desprecia en absoluto la razón y que admite lo irracional” y que asimismo “sabe que en esta conciencia atenta ya no hay lugar para la esperanza”. En desintegración, el yo poético primero toma conciencia de lo absurdo en el primer poema: “El tiempo. Cosa redonda/ que golpea desde una ventana”; luego, lo padece: “Hay una grieta/ atestada de suplicios/ en la mirada / de los hombres. / Sus notas sostienen / la impronta de la culpa. / Todo evento se prolonga/ apila inviernos/ perfora la hoja que cae”, y finalmente se resigna: “Un niño vive / debajo / de mis párpados. / Cada vez que el otoño destruye flores / se hace más pequeño…/. Esta es la esencia del poemario de Faustino Medina, abordada de manera magistral a partir del uso transversal de los elementos la vista, la memoria y el tiempo, tal como señalan Miguel Ibarra y Pablo Reyes en los comentarios que sirven de antesala a los poemas en el libro y sobre los que no voy a hablar porque con lo dicho por ellos basta.

Sin embargo, hay algo de lo que no se hace mención en los comentarios de estos dos expertos en materia de literatura y es la sonoridad y el ritmo. En una época como esta, en la que muchos toman cualquier idea, presionan enter cada dos palabras y aprietan sin control la tecla de espacio, Faustino construye esqueletos para sus poemas. La manera en la que visualmente están construidos estos textos obliga al lector a darles una lectura lenta y sosegada, porque ese ritmo, esas pausas, cumplen una función hermenéutica: estas pausas reconfiguran el sentido de cada poema. Por ejemplo, predominan los ritmos cortantes con versos breves y yuxtapuestos que producen un efecto de respiración entrecortada (muy a propósito del título del libro). También hay una alternancia entre cascadas versales y versos prolongados que generan contrastes acústicos entre tensión y reposo. Además, las repeticiones fónicas reproducen de cierto modo la circularidad temporal en el sonido, uno de los ejes fundamentales del libro.

También es importante resaltar también el uso medido de las figuras de dicción y esto, en plena edad de la anáfora, es una cosa plausible. Entre las más usadas por el autor tenemos la aliteración o repetición de un mismo sonido, el asíndeton u omisión de las conjunciones, la elipsis o supresión de los nexos o verbos que se sobreentienden, la onomatopeya relativamente poco usual en la poesía y, de forma especial, el encabalgamiento, esa continuación del sentido más allá del verso que interrumpe la pausa natural del poema.

Estos recursos de los que se vale el escritor hacen que la sonoridad exprese también la desintegración del ser, la circularidad del tiempo y la imposibilidad del olvido. El resultado es una poesía filosófica y pero también acústica donde el lenguaje mismo se consume para intentar nombrar la memoria.

En Desintegración, Faustino Medina alcanza una etapa de madurez en la que la poesía se concibe como una forma de pensamiento antes que como un ejercicio estético. El lenguaje adquiere densidad filosófica al articular silencios, sonidos y fragmentación como principios constructivos. La sustitución simbólica del cisne por el búho expresa esa transformación: la conciencia sustituye al artificio, la reflexión al canto. Desde esa perspectiva, la desintegración no representa solo un motivo temático, sino el núcleo de una poética que asume la memoria, el tiempo y la autocontemplación como vías de conocimiento.

Referencias

Camus, A. (2021 [1942]). El mito de Sísifo (E. Benítez, Trad.). Penguin Random House Grupo Editorial.

Círculo de Poesía. (2019, 26 de agosto). Apuntes para una literatura áncilar: Tuércele el cuello al cisne de Enrique González Martínez. Recuperado de https://circulodepoesia.com/2019/08/apuntes-para-una-literatura-ancilar-tuercele-el-cuello-al-cisne-de-enrique-gonzalez-martinez/

Medina, F. (2008). Gotas de amor. Impresiones DRAPEY.

Medina, F. (2013). Amor, tiempo, muerte. Impresiones DRAPEY.

Medina, F. (2020). No jodas tanto. Autor.

Medina, F. (2025). Desintegración. Impresora Búho.

Polidori, A. (2010). Enrique González Martínez: Nota introductoria y selección (Serie “Material de lectura”, núm. 73). Dirección de Literatura, Coordinación de Difusión Cultural, Universidad Nacional Autónoma de México. https://materialdelectura.unam.mx/images/stories/pdf5/enrique-gonzalez-martinez-73.pdf

Rilke, R. M. (2024 [1929]). Cartas a un joven poeta (D. Cerdá, Trad.). Editorial Alma.

Débora Parra

Docente de Lengua Española y Literatura en el Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña, Recinto Emilio Prud'Homme.

17 thoughts on “El nacimiento del búho en la poética de Faustino Medina

  1. ​La obra se sumerge en la exploración de la pérdida, la ruptura y la desintegración de la identidad y de las experiencias vitales.

    ​2.El poemario aborda la naturaleza compleja y a menudo conflictiva del amor, contrastando la pasión y el erotismo con el dolor y el desengaño.

    3.​Los versos construyen una poética del despojo y la memoria, donde el yo lírico se enfrenta al proceso de eliminar viejos recuerdos e ilusiones para sobrevivir.

    1. Este poema invita a rechazar la belleza superficial y a buscar una expresión más auténtica y profunda del arte. A través del contraste entre el cisne y el búho, se exalta la sabiduría y la sensibilidad frente a la apariencia vacía. Su mensaje impulsa a los poetas a conectar con la esencia de la vida y a rendir homenaje a su verdad interior.

    2. El poema invita a romper con la belleza superficial, representada por el “cisne de engañoso plumaje”, para revelar una verdad más profunda. La imagen del cisne que solo “pasea su gracia” sugiere una apariencia vacía que oculta su falsedad . Con este llamado a torcerle el cuello, el poeta propone un acto de rebeldía contra lo falso, yo diría que también contra lo hipócrita, para abrir paso a una poesía más sincera y esencial.

  2. El autor convierte el sonido en una herramienta de reflexión y no solo de belleza estética. Las figuras retóricas como la aliteración y el encabalgamiento fortalecen la idea de un lenguaje que piensa y se repliega sobre sí mismo. Así, la poesía se presenta como un acto de conocimiento interior donde el arte se une a la filosofía.

  3. Él poema él nacimiento dél búho de Faustino Medina me pareció muy bonito porque habla dél saber y dél pensar, con calma me gustó me gusta cómo él autor usa él búho porque representa la sabiduría. Siento que él poema enseña que a veces él silencio también nos ayuda a entender mejor las cosas

    1. El soneto "Tuércele el cuello al cisne" no es de Faustino. Es del escritor mexicano Enrique González Martínez. Se especifica esta cuestión en el primer párrafo.

  4. Este texto me pareció muy interesante porque muestra cómo la poesía de Faustino Medina ha ido madurando con el tiempo hasta volverse más profunda y reflexiva. Me llamó mucho la atención la comparación entre el cisne y el búho, porque representa el paso de una poesía superficial a una más consciente y filosófica. Siento que el texto invita a valorar la poesía no solo por su belleza, sino por la capacidad que tiene de hacernos pensar y entendernos a nosotros mismos.

  5. _Mira al sapiente búho como tiende sus alas desde el Olimpo.

    _El no tiene la gracia del cisne.

    _Huye de todas formas y de todo lenguaje.

  6. Faustino refleja el valor del conocimiento y la búsqueda interior. El búho simboliza la sabiduría que nace en medio de la oscuridad, mostrando cómo el silencio y la reflexión surge la comprensión. Esta obra nos invita a pensar en la importancia de aprender y crecer espiritualmente.

  7. El Poema me pareció una reflexión sobre la necesidad de dejar atrás lo superficial en el arte y buscar algo más auténtico. El contraste entre el cisne y el búho muestra cómo la verdadera belleza está en la profundidad y no solo en la apariencia. Creo que el autor nos invita a mirar el mundo con más sensibilidad y a conectar la poesía con la vida real.

  8. El texto muestra cómo Faustino Medina fue mejorando su forma de escribir poesía hasta llegar a una etapa más madura y profunda. Se compara su obra con el poema Tuércele el cuello al cisne, porque ambos rechazan lo superficial y buscan más sentido y autenticidad. En general, el autor destaca que la poesía de Medina invita a reflexionar sobre la vida, el tiempo y la existencia.

  9. Es una obra que explora la profundidad del alma humana y sus conflictos internos. A través de versos intensos, el autor expresa sentimientos de soledad, pérdida y búsqueda de sentido. Su poesía invita al lector a reflexionar sobre la fragilidad de la existencia y la necesidad de reconstruirse ante el dolor.

  10. La superación del yo lírico ornamental, transitando del amante dolido o el rebelde urbano a una conciencia que se interroga magistralmente sobre el ser, el tiempo, la memoria y la muerte, temas centrales de la filosofía existencialista. La obra se alinea con el espíritu del búho de González Martínez, pues su valor radica en la escucha interior y la articulación de lo absurdo. Sobre el aspecto sonoro y rítmico: la construcción visual de los poemas con ritmos cortantes, versos yuxtapuestos y el uso medido de figuras como el encabalgamiento obliga a una lectura pausada y hermenéutica. Así, la forma y el fondo se unen, pues los recursos acústicos replican la desintegración del ser y la circularidad del tiempo, consolidando a Desintegración como una poesía que es tanto pensamiento filosófico como experiencia sensorial.

  11. El ensayo “El nacimiento del búho en la poética de Faustino Medina” analiza con profundidad la madurez literaria del autor y su paso hacia una poesía más reflexiva y filosófica. La referencia al poema “Tuércele el cuello al cisne” de Enrique González Martínez refuerza la idea de abandonar la belleza vacía para abrazar la autenticidad del pensamiento. En conjunto, el texto revela una poética consciente, donde la palabra se convierte en un medio de exploración interior y búsqueda de sentido.

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