Arqueología de lo humano en un mundo automatizado

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Al hacer una lectura actual de la novela “La caverna” de José Saramago, se puede afirmar, sin temor a herrar, que el tránsito de la alfarería artesanal y la hegemonía del Centro del que habla el relato funcionan como una alegoría casi profética de la era de la Inteligencia Artificial, en donde la sustitución del “cerebro de los dedos” por la eficiencia de los algoritmos no solo genera obsolescencia de determinados oficios, sino que condena al ser humano a la invisibilidad dentro de una cadena de consumo y datos. Desde este enfoque, se busca establecer una relación entre la metáfora de la alfarería y del Centro con la sustitución de la sensibilidad humana por la automatización generada por la inteligencia artificial generativa. 

Cuando Saramago, en “La caverna”, hace referencia al oficio del alfarero, lo aborda desde la relación que se establece entre la creación, la vocación y el sentido que se le otorga.  Desde esta perspectiva, ser alfarero es un acto creativo que exige toda la significación por parte del ser (Sánchez, 2013). Por consiguiente, plantea la dimensión del ser, su trascendencia como sus fronteras. Cuando Saramago (2025, p. 91) señala que: “Verdaderamente son pocos los que saben de la existencia de un pequeño cerebro en cada uno de los dedos de la mano… lo que los dedos siempre han hecho mejor es precisamente revelar lo oculto”.Está sugiriendo que las acciones del ser humano transcienden la existencia y revelan aquello que persiste en la intimidad del hombre. Es decir, lo que está oculto se revela a través de la creación y las acciones del sujeto.

El agua, el barro y el fuego, elementos fundamentales con los que trabaja el alfarero, parecen plantear que el ser humano se maneja con los elementos de la vida, que ya los griegos manoseaban, pero a la vez es la realidad que le da sentido a la existencia misma. Por ello pone en boca de Cipriano Algor: “… el barro es como las personas, necesita que lo traten bien” (Saramago, 2025, p.36)." Intentando revelar, con ello, la necesidad de cuidar la condición humana y la construcción de su identidad, en tanto el ser humano es el resultado de los procesos sociales, culturales y afectivos que impactan sobre él.

Tal como señala Kolef (2010), un modo de producción puede desaparecer, pero la dignidad del ser humano es irreductible. Así, pues, este necesita de condiciones dignas donde pueda desarrollar todas sus potencialidades. Al igual que el barro, el hombre posee un valor único e imposible de replicar en el mercado.

La arqueología humana se construye en el cuidado y las relaciones con los demás, tal como se evidencia en los personajes. El autor, de alguna manera, sugiere que al estudiar el objeto construido por el hombre se estudia también a su creador. Al respecto, pone en boca del narrador: "…Lo que este barro esconde y muestra es el tránsito del ser en el tiempo y su paso por los espacios, las señales de los dedos, los arañazos de las uñas… (Saramago, 2025, p.85)." Insinuando, con ello, que el barro conserva una parte de su creador, lo cual permite a las próximas generaciones conocer al menos fragmentos de lo que experimentaron. 

En otro orden, “La caverna” impulsa la idea de enfrentar la incertidumbre, resistir y sustraerse de la dinámica de la industrialización. Los personajes de esta novela elegirán lo humano por encima de la mecanización. Así, tras descubrir los cuerpos en la gruta, concluye de una manera magistral: “Esas personas somos nosotros (Saramago, 2025, p. 382)”. De esta manera, el autor confronta al ser humano con su propia condición: su finitud, vulnerabilidad y la constante búsqueda de sentido. El pasado deja de ser ajeno al hombre para contribuir a la comprensión del presente y con ello del progreso que enuncia el proceso de modernización. 

El derrumbe del modo de producción, el consiguiente modo de vida del protagonista y su mundo tal como le es conocido responden a una lectura donde se enfrenta al hombre al futuro y a lo desconocido, frente al temor de ser desplazado. "Vaya a decirle eso a los clientes, no quiero angustiarlo, pero creo que a partir de ahora sus lozas sólo interesarán a los coleccionistas, y esos son cada vez menos (Saramago, 2025, p. 23)."  En este sentido, se evoca la necesidad de ver el progreso, no como una sustitución del pasado, sino como ruptura y continuidad.

En tanto este se erige como herencia viva que ha de integrarse en el presente. Sin embargo, con el endiosamiento del progreso, “Ésta es la ocasión de proclamar que el Centro escribe derecho con renglones torcidos”, se corre el riesgo de una desconexión humana y ética, así como de la obsolescencia del individuo en todo sistema de producción y más allá de este.

En este orden, el ser humano y las cosas están sujetas al devenir del tiempo. "Todos los días se extinguen especies animales y vegetales, todos los días hay profesiones que se tornan inútiles, idiomas que dejan de tener personas que los hablen, tradiciones que pierden sentido, sentimientos que se convierten en sus contrarios (Saramago, 2025, p.)". Por tanto, el hombre se encuentra ante una paradoja en la que necesita aceptar los cambios, preservando lo valioso, dado que la memoria histórica configura el significado del presente y de lo venidero. 

Cabe señalar que el desarrollo tecnológico y, con ello, el avance de los procesos de automatización al que asistimos en la actualidad no solo modifica la economía sino también las relaciones sociales, la cosmovisión, la cultura y la identidad de las personas. Cuando desaparece una determinada profesión u oficio, desaparecen también saberes, formas de comprender el mundo y valores. Lo cual exige encontrar un equilibrio entre la innovación y la conservación. En la novela, El Centro parece adquirir una autonomía que escapa al control de los creadores. Pues, refiere que “El Centro… acaba generando por sí mismo y en sí mismo, por pura necesidad, algo que… participa de la naturaleza de lo divino (Saramago, 2025, p. 332)”. Simbolizando, así, un sistema capaz de satisfacer las necesidades casi ilimitadas del ser humano, convirtiéndose en una entidad omnipresente.

Desde el punto de vista de la condición humana, lo antes señalado genera la preocupación de que el desarrollo de la inteligencia artificial generativa se convierta en un fin en sí mismo y no en un instrumento al servicio del ser humano. El eslogan de El Centro: "VENDERÍAMOS TODO CUANTO USTED NECESITARA SI NO PREFIRIÉSEMOS QUE USTED NECESITASE LO QUE TENEMOS PARA VENDERLE (Saramago, 2025, p. 320)." Adquiere esta connotación, donde la industria crea necesidades, mientras subordina los intereses del cliente a los del desarrollo tecnológico.

Condenando incluso a las personas a la obsolescencia constante: "lo que ha dejado de tener uso se tira… incluyendo a las personas". Pues, el desarrollo tecnológico llega incluso a sustituir lo biológico: "acuarios virtuales, sin peces que tengan olor a pez ni agua que sea necesario cambiar (Saramago, 2025, p. 264)". En consecuencia, el desafío del ser humano será el de evitar que la producción tecnológica se convierta en una nueva manera de poder absoluto. 

El símbolo del acuario en medio de la plaza simula la naturaleza; sin embargo, elimina lo que la hace auténtica. Así, pues, plantea grandes cuestiones existenciales, entre ellas: ¿qué sucede con la condición humana cuando se sustituye la realidad por una simulación? Desde una lectura más actual, al retomar la alegoría de “La Caverna” de Platón, Saramago sugiere que la tecnología en general simplifica y hasta mejora la vida del ser humano, pero se corre el riesgo de convertirlo en espectador de una realidad artificial y alejarlo de lo concreto para vivir en una ficción. Por ende, la absoluta comodidad puede arrastrar a las personas hacia una existencia empobrecida, en la que el individuo renuncia a una experiencia genuina o auténtica a cambio de una representación. 

Esta simulación de la realidad obliga a realizarse otra pregunta, ¿una experiencia mediada por una serie de algoritmos puede tener el mismo valor existencial que una experiencia vivida en libertad? Cuando Saramago pone en boca del personaje: "Experimente sensaciones naturales, lluvia, viento y nieve a discreción… las personas gritando para no reír, los hombres riendo para no gritar… la lluvia se hace diluvio… luego volvimos hacia atrás y en seguida comenzó a nevar (Saramago, 2025, p. 351)".

Evoca la necesidad de cuestionarse si vivir o simular que se vive. Y es que, las aspiraciones del mercado de las industrias tecnológicas incluyen, además, dominar las emociones y la naturaleza. Asimismo, el autor confronta al ser lector para que se cuestione sobre conformarse con experiencias simuladas y perfectamente controladas o con la existencia auténticamente humana que se experimenta a través de la incertidumbre, el dolor y la belleza de la realidad, fuera de los algoritmos. 

En conclusión, el hecho de que la alfarería aparezca como un vestigio arqueológico y como expresión de la creatividad humana cuestiona si el progreso debe conducir necesariamente a la desaparición de aquello que conecta al ser humano con la realidad. Pues, una existencia auténticamente humana trasciende el espectáculo, la simulación o representación a través del lente de los algoritmos. En este sentido, Saramago mira al hombre desde una perspectiva integradora, en la que defiende la autonomía y la libertad del individuo frente a los nuevos modos de producción y consumo. Advierte sobre los riesgos de consumir representaciones de la realidad sin comprender su significado genuino, lo que conduce a las personas a privilegiar lo superficial sobre lo auténtico. 

En definitiva, con esta novela, Saramago lanza una clara advertencia: es posible que el ser humano se quede fascinado por el progreso de la ciencia y de la tecnología, por el consumo inducido y por las apariencias, y que este olvide lo esencial al ser humano: su historia y su libertad, para vivir en una nueva forma de caverna, condicionada por imágenes, comodidades, inmediatez y representaciones de las realidades, no de la realidad en sí. 

Richard Rosario, licenciado en filosofía, magíster en Lengua Española y Literatura, en Historia con orientación a la enseñanza y en Tecnología Educativa.

Referencias

Saramago, J. (2025) La caverna. Penguin Randon Hause Grupo Editorial. 

Alonso, S. N. J. (2013, 15 agosto). La caverna de José Saramago: las condiciones de la existencia en el mundo contemporáneohttps://repository.upb.edu.co/items/a628c3ae-8ff9-441b-ac4b-5afe82c06b8c

Kolef, M. (2010) Una posible resistencia: La caverna de José Saramago. Una lectura benjaminiana.http://conti.derhuman.jus.gov.ar/2010/10/mesa-06/koleff_mesa_6.pdf

Faustino Medina

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